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Triangulo, bolita, cuadrado, cruz

Si las estadísticas de las compañías de video juegos son ciertas, algunos de ustedes, que se encuentran en la segunda mitad de su tercera década, estarán muy contentos con el lanzamiento de la PlayStation 4 el fin de semana pasado. Resulta que el promedio de los gamers, la mitad de los cuales son mujeres, tienen entre 37 y 39 años. Esto nos lo comparte Mario Valle en su libro Administra tu pasión — America latina 2050: un gamer a la vez. Y si alguien sabe de video juegos en Latinoamérica es él: además de ser gamer de toda la vida, Mario es director de mercados emergentes –es decir Latinoamérica y posiblemente África– y futuro digital en la compañía Electronic Arts; sí, la de los video juegos.

En su libro, Mario lanza una hipótesis que, a primera vista, suena muy aventurada. Según él, “los videojugadores tienen el potencial de moldear el futuro de Latinoamérica”. Ahí nomás.

La verdad es que como me identifico más con esa tribu de nerds que mejor aprendieron a programar –no vaya usted a pensar que para escribir juegos que sí se pudieran ganar porque los comerciales eran muy difíciles– el planteamiento me dio desconfianza y un poco de envidia. Sin embargo, a lo largo del texto y en sus conferencias, Mario hace una argumentación bastante buena sobre diversos atributos de la personalidad de los gamers –empezando por deslindarse de los estereotipos– y cómo en el contexto Latinoamericano podrían, irónicamente, ser ellos y ellas quienes establezcan las nuevas “reglas del juego” económico internacional.

Al principio del libro, y a lo largo del texto, Mario aclara que su tesis es el resultado de sus observaciones no tan sistematizadas más que de un trabajo académico, pero lanza por ahí la propuesta de realizar algunas investigaciones y evaluar si tiene sentido lo que está planteando.

Pues resulta que Mario tuvo buena intuición –otro de los atributos positivos que le adjudican a los gamers–. Existe un creciente conjunto de investigaciones científicas en las que encuentran que los videojugadores tienen ventajas sobre quienes no jugamos videojuegos. Por ejemplo, hay indicios de que dedicar horas al tipo de video juegos en los que el personaje principal es el jugador y recorre parajes virtuales buscando a quien dispararle (o “First Person Shooter” o FPS) mejora la llamada memoria de trabajo, que consiste en retener diversas informaciones en la memoria de corto plazo para poderlas manipular y en su caso guardar. La habilidad de reconocimiento visual también parece mejorar con el uso de juegos tipo FPS además de los que simulan autos de carreras. Estos últimos también han mostrado mejorar las habilidades cognitivas de adultos de 60 a 85 años según un estudio de la Universidad de California en San Francisco, lo cual implica que cierto tipo de juegos podría reducir la tasa de envejecimiento cerebral. Por su parte, los juegos de estrategia en tiempo real, como Starcraft o Age of empire, mejoran el proceso y la velocidad de toma de decisiones y, en general, la “flexibilidad cognitiva“, muy invocada en la teoría de resolución de problemas.

Pero los efectos de los videojuegos no se limitan a mejorar los puntajes de Sudoku. También hay algunos estudios en los que las habilidades desarrolladas durante el tiempo frente a la consola se traducen en habilidades en la vida real. Los más emblemáticos son los experimentos, como los que vienen reseñados en Administra tu pasión, en los que ponen a un grupo de cirujanos a jugar videojuegos y a otros no encontrando que a los primeros les va mejor en los simuladores de cirugía laparoscópica. Conclusión: procura que tu médico sea medio nerd del video juego la próxima vez que te operen de apendicitis.

Hay estudios que indican que el cerebro de las personas que crecieron tocando algún instrumento es distinto del de la población en general y que hay que empezar a tocar desde muy chicos para que los cambios sean notables y permanentes. El único estudio que encontré cuando estaba investigando para la columna de hoy que medio considera los efectos de los videojuegos infantiles encontró que tener una consola durante la infancia no hace mejores a los cirujanos, sino que el efecto del juego reciente es el que les confiere mejor coordinación ojo-mano. Eso es alentador para quienes usamos nuestro tiempo infantil frente a las computadoras diciéndole a la tortuguita de Logo hacia donde girar o depurando código y animando sprites en la Commodore 64.

Esta incipiente ciencia de los videojuegos es joven pero seguramente tendrá aplicaciones muy útiles durante el próximo par de décadas. Por lo pronto, se reciben sugerencias sobre con cual consola iniciarse en los videojuegos o si de plano buscar algo más clásico en Mercado Libre.

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